Homeopatía


El tratamiento homeopático es integral, natural y sin efectos secundarios.

Sus características esenciales son:

. una visión total de los distintos planos y la historia del paciente

. un tratamiento personalizado

El principio filosófico de la Homeopatía se basa en la concepción de que el organismo humano está regido por LA ENERGIA VITAL o PRINCIPIO VITAL.

Esta energía vital, mantiene cada parte de ese organismo funcionando como una “Unidad” además de proporcionarle Identidad y sentido biológico.

Sobre estas bases de identidad, unidad y sentido; se considera la enfermedad o su expresión en síntomas, sólo como manifestación del desequilibrio de la energía vital.

La terapéutica Homeopática acompaña esta filosofía. Se considera entonces, que con los medicamentos homeopáticos se ayuda a sostener esta Unidad y a regresar a su orden.

Para llegar a influir en este principio sutil que es la Energía Vital, se requieren elementos que no estén basados en química o principios materiales. Así  es que el medicamento homeopático está basado en la dilución de un extracto de base, llevado a un punto donde no queda rastro químico pero sí;  memoria energética de ese principio original.

 Por tanto el medicamento homeopático, no tiene sustancia material.

Una de las principales corrientes de la Homeopatía es la corriente Unicista.

Ésta, considera que el médico abordará al paciente como un organismo que se ha desequilibrado y buscará un medicamento constitucional, es decir que reúna todas las características del paciente, que fortaleciendo y  ordenando nuevamente la Fuerza Vital para que ella restaure la salud por completo.

La otra forma de aplicación de la homeopatía es modalizar las características físicas y generales de la persona que tiene un cuadro clínico. Con estos datos, identificar un medicamento para esa  forma de sufrimiento, cuadro, o sintomatología.

No se necesita combatir un agente patógeno, ni viral ni bacteriano. El medicamento homeopático promueve que nuestro sistema inmunológico lo neutralice, corrige el terreno donde floreció para producir una patología, y, de esta manera, se restablece la salud, sin agredir el mecanismo maravilloso del organismo.